Romper una relación de pareja nunca es una tarea sencilla.
De hecho, ya sea que acabes la relación por mutuo acuerdo o que una de las dos personas no quiera dejarlo, se trata de una experiencia dura y difícil por sí misma, y es muy común y habitual que la culpa surja de por medio, sobre todo si eres tú la persona responsable de la ruptura, lo cual te puede hacer sentir una fuerte y pesada carga emocional.
Tanto si has roto ya la relación como si aún sigues en pareja y estás pensando en dejarlo, ambas situaciones pueden hacer que emerja la culpa en tu experiencia.
Esta culpa te puede llevar a dudar de ti mism@ por si has tomado la decisión correcta o no, hacer que te enfoques en el futuro anticipando las posibles consecuencias de tu decisión, llevarte al arrepentimiento tras tus decisiones, generarte confusión sobre si volver a retomar la relación o no…
Puede llevarte a darle vueltas y vueltas en bucle a tus experiencias pasadas con esa persona, a lo que pudo ser y no fue, a cómo se han dado las cosas y cómo podrían haber sido diferentes.
O, si aún no has dejado la relación pero estás pensando en dejarlo, puede aparecer la culpa por causar dolor a la otra persona o al pensar en cómo se sentirá tras la ruptura.
Te diré un secreto que probablemente no has pensado: está bien que todo esto surja, no hay ningún problema en ello, de hecho, es inevitable.
¿Sabes por qué es inevitable?
Porque la mente está hecha para sobrevivir, no para ser feliz.
Sí, sí, por mucho que nos empeñemos, la felicidad no es el estado natural de la mente, sino anticipar futuros peligros y prepararse para protegerse a base de luchar contra ellos o tratar de evitarlos de alguna forma.
Es así como tu mente trata todo el tiempo de tener las cosas bajo control.
Por ello, automáticamente te enfocas en lo negativo que puede suceder, anticipas las posibles consecuencias de tus actos, revisas y analizas lo que ha pasado una y otra vez o tratas de ver cómo hacer que tú o la otra persona sufráis lo menos posible.
De esta manera, tu mente está tratando de protegerte de aquello que percibes como un peligro o una amenaza, como puede ser una ruptura de pareja.
Tienes miedo, y por ello, naturalmente, necesitas tratar de controlar la situación.
Te revelaré otro secreto:
No puedes saber si has tomado la decisión correcta o no, no puedes controlar cómo te vas a sentir ni tú ni la otra persona y tampoco puedes saber cómo va a cambiar tu vida de ahora en adelante.
Este deseo que tiene tu mente, y la de todas las personas, de tratar de controlar tu experiencia, te está dificultando romper la relación por no querer transitar la culpa que podría surgir.
O bien, te deja atrapad@ en el bucle de la culpa tras haber roto, donde probablemente entres a castigarte o a machacarte, creyendo que eres una mala persona, que podrías haber hecho las cosas diferente o que no es justo lo que está pasando.
Cualquiera de estas situaciones lo que hace es no permitirte avanzar, cuidarte en tu momento presente ni enfocarte en los nuevos caminos que se abren ante ti.
Es como una sensación de estar pero no estar con la otra persona, porque la culpa que sientes te sigue anclando a la relación.
Te aconsejo que observes qué es específicamente lo que hace que te sientas culpable al romper la relación o al pensar en dejarlo.
La culpa está relacionada con el miedo y observar esos miedos que sientes a la hora de romper, te acercará a descubrir detalles ocultos de tu historia personal, de algo que va más allá de tu relación y que simplemente están saliendo a la luz para ser integrados y transformados de una vez por todas.
En este sentido, puedes aprovechar este momento de dificultad que sientes como una oportunidad de aprendizaje para conocerte mejor y trabajar en la relación contigo.
Si, por ejemplo, te sientes culpable por el estado emocional de la otra persona o por rehacer tu vida demasiado pronto, es probable que esa culpa revele un rol por tu parte de excesiva responsabilidad para con la otra persona.
Como si todo dependiera de ti, como si una relación no fuera cosa de dos y tuvieras que asumir todo el peso que conlleva. Como si la otra persona necesitase o incluso dependiese de tus cuidados y no fuera capaz de apañárselas por sí misma.
¿Dónde te deja esa dinámica? ¿Y en qué lugar deja a la otra persona?
No es justo para ambas partes.
Si te surge la culpa por haberla cagado en la relación o haber tomado malas decisiones, quizá revela tu incapacidad para reflexionar sobre qué aspectos han ido llevándote paulatinamente hasta ese acto del cual ahora te arrepientes y, sobre todo, por qué no fuiste honest@ contigo mism@ desde el principio y con lo que estaba sucediendo, qué era lo que no querías asumir o aceptar.
Nada sucede porque sí, y muchas veces nuestros actos no son más que la consecuencia de toda una serie de sucesos que se han ido acumulando a lo largo del tiempo, hasta que al final la situación ha explotado de la peor manera.
Esto puede enseñarte aquí y ahora, en tus relaciones presentes y futuras, a tomar consciencia y asumir todo lo que va surgiendo a lo largo de la relación antes de que sea demasiado tarde, para poder actuar a tiempo y tomar decisiones más justas y alineadas con tus valores en la relación.
También puede mostrarte tu necesidad de aprender a perdonarte, aunque no recibas el perdón por parte de la otra persona o de tu entorno.
Puede ser que te surja la culpa tras el juicio social o familiar, lo cual no aceptas, y eso también puede revelar cierta dependencia emocional y necesidad de aprobación por tu parte, así como cierta incapacidad para permitirte fallar y cometer errores.
Que sepas que nadie es perfect@ y que todas las personas la cagamos o acabamos jodiendo a alguien más, tanto si tenemos la intención como si no la tenemos.
Si te surge la culpa al romper la relación porque piensas en todo lo bueno que ha hecho esa persona por ti o en todo lo que dejas atrás si lo dejas y por ello decides finalmente no romper, quizá revela tu miedo al cambio, tu falta de confianza en ti y en la vida o tu necesidad de seguridad.
El miedo finalmente es lo que te frena y de nuevo, este miedo sólo trata de protegerte de que no sufras. Pero que sepas que el miedo no es más que un deseo, lo que pasa es que lo reprimes por no tener el control de la situación al no poder prevenir lo que pasará.
Recuerda que a tu mente le encanta controlar las situaciones, porque ese control te da una sensación de seguridad y de comodidad.
Por el contrario, la mente no tiene control ante lo desconocido, ante la incertidumbre, y eso te genera desconfianza, inseguridad y miedo, lo cual te paraliza y no te permite actuar.
El problema no es que surja el miedo o la inseguridad a la hora de tomar la decisión de romper, es que permitas que te bloquee y no avances.
La culpa que sientes puede estar reflejando tu miedo a quedarte sol@, miedo al juicio de los demás, miedo a que te abandonen, miedo a entrar en confrontación, miedo a la desaprobación, miedo a equivocarte…
Todos estos miedos hablan de ti y de tu historia personal, de algo que traes desde hace mucho tiempo y que ahora surgen para poder transitarlos y transformarlos.
Pero para ello, debes dejar de huir de la culpa y el miedo que te genera la ruptura, así no podrás trascenderla.
Sólo se integra afrontando, comprendiendo y permitiendo que formen parte de tu experiencia.
Todo cambio de dinámica, como una ruptura de pareja, conlleva incomodidad, sí o sí. Y algo que debes de saber es que la mente tiene otra tendencia muy automática:
Acercarse e incluso apegarse a lo que le gusta o produce bienestar; y alejarse o tratar de evitar aquello que le incomoda o le produce malestar.
Es sencillamente por esto que tratas de evitar algo que te va a generar dolor e incomodidad, como una ruptura o la culpa que inevitablemente aparecerá; es natural e instintivo.
Sin embargo, reaccionar de esta manera cada vez que te encuentres ante algo doloroso no te ayuda ante la situación ni tampoco en futuras ocasiones.
No se trata de huir de la culpa, castigarte por haberlo dejado o postergar el acto de romper la relación, se trata de adaptarte a la nueva situación que ya es o que está por venir, y eso requiere de un tiempo, actitud, cuidado y comprensión por tu parte. No requiere de juicios y reproches hacia ti o la situación.
Romper una relación trae consigo un proceso de acostumbrarte a desacostumbrarte.
Desacostumbrarte de la otra persona, desacostumbrarte quizá de la gente a la que veías, de lugares a los que ibas o de planes que hacías.
Y eso, de manera natural, va hacer que muchas veces revises lo que pasó y podría pasar, que pienses en volver, que te juzgues por la decisión que has tomado, que dudes… simplemente estás en el proceso, y sólo has de entregarte al proceso y permitirlo ser con todo lo que traiga.
Te daré algunos consejos para que puedas relacionarte con esta culpa ante la ruptura de una forma diferente:
- Observa qué es exactamente lo que hace que te sientas culpable, y no sólo eso, ve más allá y conoce qué miedo oculto hay por debajo.
Trabajar en esos miedos puede ayudarte no sólo a comprender y manejar la culpa que sientes, sino a revelar y tomar consciencia de aspectos más profundos de ti y de tu vida.
- Observa qué haces cuando surge la culpa, qué surge en tu mente y en tu cuerpo y, sobre todo, qué haces con todo eso que te surge.
Date cuenta si lo permites ser y estar como parte natural del proceso o, por el contrario, lo juzgas y tratas de evitarlo.
Es decir, conoce de qué manera estás tratando de controlar la situación.
- Reflexiona a dónde te lleva toda esa manera de reaccionar ante la culpa que surge, ¿te ayuda a gestionar y solucionar la situación?
- Comprende que estás en un proceso, que los miedos van a surgir, la culpa va a surgir, las dudas van a surgir… simplemente aprende a permitirlos, normalizarlos y validarlos.
- Aprende técnicas y prácticas diarias que te ayuden a cuidarte a lo largo de todo este proceso y a volver a tu estabilidad interna, como la práctica de mindfulness y autocompasión.
Si quieres, puedo acompañarte para que nos acerquemos con curiosidad a conocer esta culpa que te surge y desvelemos junst@s qué aspectos ocultos de ti te está mostrando esta situación.
Puedo ayudarte a tomar esta situación como perfecta oportunidad para conocerte mejor, aprender y evolucionar.
Afrontar tus miedos y transitar la culpa que sientes por la ruptura de pareja, se vuelve más fácil y llevadero con herramientas que te enseñen de una manera práctica cómo gestionar el proceso.
Si me necesitas, estoy aquí para ayudarte a trascender esa culpa que sientes.
Puedes mandarme un WhatsApp o llamarme al número 644.172.568 o, si lo prefieres, puedes mandarme un correo a plenamente550@gmail.com
Te abrazo y te sostengo,
María.